martes, 18 de enero de 2011

Entre el cielo y ningún lugar. Crítica de Antonio Ortega en Babelia (El País)

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Me dice un amigo que no cree en la buena suerte. Sólo cree en el trabajo bien o mal hecho. Creo que mi amigo conserva un poso determinista importante procedente de su trabajo de profesor de filosofía. Los que, para bien o para mal, leemos revistas científicas tenemos una cierta obsesión con el caos, los movimientos estocásticos, el ruido blanco y todo aquello que hace que el universo sea una gigantesca ruleta.

Desgraciadamente el trabajo duro no es ni condición suficiente ni necesaria. Hace falta buena suerte. El libro de Ashbery en manos de un crítico con pocas lecturas sería como darle a un niño un revolver cargado. Sabes que va a disparar pero no en qué dirección ni cuantas veces.

Y si buena suerte tuve la pasada semana, esta semana no ha sido menor. Antonio Ortega es uno de los mejores críticos de poesía de España. Un buen crítico creo que se distingue por dos cosas. En primer lugar, selecciona libros para reseñar que valen la pena. Libros distintos, ajenos al ruido del sonajero mercantil. Y en segundo lugar se aprende algo nuevo leyendo sus críticas. Ambos características se dan en el caso de este hombre si alguien sigue con cierta frecuencia sus análisis en Babelia.

Sólo me queda desear que los hados de la suerte se centren ahora en mi corazón durante un tiempo. Para no seguir entre el cielo y ningún lugar.


http://www.elpais.com/articulo/portada/cielo/lugar/elpepuculbab/20110115elpbabpor_35/Tes


"La capacidad de John Ashbery (Rochester, 1927) para mantenerse un paso por delante durante más de medio siglo es impresionante. Como un Proteo contemporáneo, tiene una inagotable capacidad para reinventarse. Parafrasear sus poemas, identificar su sujeto, sus temas, establecer su entorno, es tarea ociosa: el poema existe por sí mismo, inimitable, dueño de su ser y su expresión. Una escritura tan metamórfica que los cambios de tono y de registro verbal hacen que los versos acaben en lugares diferentes a los de partida. Sorprenden sus prestidigitaciones de sintaxis y dicción; su oído para detectar las construcciones del lenguaje coloquial que distorsiona el significado; su ironía, la frescura sutil de sus poemas. Solo "corriendo bajo los aros de / ecuaciones probables", es posible mostrar la inestabilidad e interdependencia de la identidad en la sociedad posmoderna, definir cómo pensamos y quiénes somos. Tratar de atar los meandros de su escritura acaba siendo un esfuerzo restrictivo.

El juramento de la pista de frontón, aparecido en 1962, muestra un mundo distinto al de Algunos árboles, su primer libro. Son poemas abstractos, fragmentarios y disyuntivos, muchos fruto del collage. El significado y la sintaxis expuestos a "condiciones extremas". Una ruptura poética revolucionaria: "No fuiste elegido presidente y sin embargo ganaste la carrera". Un libro clave, aquí están las bases de un nuevo lenguaje poético, indicativo del curso que luego tomará su obra. De difícil lectura e interpretación, su fecundidad crece con los años, sugiriendo nuevas lecturas, demostrando su naturaleza de texto canónico. Un libro de experimentación, pleno de meditaciones sobre la realidad diaria, lejos de lo establecido. Su profundidad nace de la superficie del vacío, de sonoridades abstractas, de la mezcla impura de dicción lírica y coloquial. Poemas nada figurativos que, como en los cuadros del expresionismo abstracto, semejan superficies con múltiples focos y desplazamientos. "Las palabras gotean de la herida", movidas por la inmediatez del acto creador. 'Saliendo de la estación de Atocha' ejemplifica esta disposición de palabras y silencios, la frescura del instante de la experiencia. Lo que allí tiene lugar podría haber pasado en cualquier otro sitio, como en 'Europa', donde nada es concreto y definitivo: el poema es una "bola de construcción", "un barrido continuo de la superficie". Es el ensamblaje y la borradura de la pincelada verbal: "soy como alambre / cuando el lienzo debe extenderse / hacia nueva basura". Consecuencia del extravío de la existencia, el lugar del poema podría ser tanto un espacio interior como exterior, el resultado de un equilibrio precario y fugaz: "hasta que la verdad pueda ser explicada / Nada puede existir".

Estamos 'En el campo de juego de la vida', evasiva y múltiple. Un rompecabezas sin las piezas necesarias para alcanzar la imagen y el instante precisos. El poema es su proceso de construcción. Así 'Idaho', el poema que cerrando el libro semeja "pequeñas manufacturas", la suma de lo que allí está y de lo que no está. Al lector le cumple la pregunta sobre su significado, leer "para arreglar / para sentir / el tallo del aire". Acaso llegar a saber que 'Un silbido sonó estridente'. Un laboratorio poético que Julio Mas ha traducido con esmerada brillantez, ofreciendo una inteligente introducción que, junto con las notas, una entrevista al propio Ashbery y la excelente lectura epilogal de Jordi Doce, ofician de inmejorable guía de lectura. Una edición magistral para un libro que, "en algún sitio entre el cielo y ningún lugar", sigue siendo ferozmente asombroso."

Antonio Ortega
Babelia (El País)

 
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martes, 11 de enero de 2011

El olor de la luz. Crítica de Jaime Siles a "El juramento de la pista de frontón" en ABC

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El mundo de la crítica de poesía es un mundo difícil. A pesar de ser un universo pequeño, el número de aristas es inversamente proporcional a su tamaño. La dificultad es aún mayor cuando el crítico también es poeta porque, ¿cómo se articula y equilibran los gustos y el criterio?

Todos tenemos nuestras preferencias de poetas y nuestro propio estilo, que en principio tiende a acercarse a esas preferencias. Valorar un libro independientemente del estilo poético personal es una tarea al alcance de pocos. Una enfermedad muy común en nuestra crítica poética, casi una pandemia, es tender a valorar positivamente sólo lo que se parece a nuestro trabajo. Y hablo de lo que se parece en estilo, forma y hasta en contenido. No se me ocurre una manera más empobrecedora de entender esa labor ni tampoco de que el poeta/crítico en cuestión no sólo se empobrezca sino que le sea imposible crecer artísticamente.

Y digo esto porque el sábado apareció en el suplemento cultural de ABC una crítica de Jaime Siles al libro de Ashbery El juramento de la pista de frontón. Siles hace una valoración muy buena del poemario como se podrá apreciar en el texto que más abajo reproduzco. Una valoración minuciosa. Un lujo, además, que hoy en día un libro de poesía pueda tener tanto espacio en esta época en la que todo tiende a la reducción, especialmente la cultura y la vanguardia.

¿Tiene algo que ver la poesía de Siles con la de Ashbery? Aparentemente tienen estilos extraordinariamente distintos. Y sin embargo, el crítico reconoce como muy bueno, como lectura obligatoria y cinco estrellas, un poemario que parece situado en las antípodas de su poética.

Y digo "aparentemente" y "parece" porque ambos autores mantienen puntos de encuentro, como el gusto por las rimas y el juego con el lenguaje, entre otros detalles más sutiles. Ambos son muy buenos en su poética propia pero a pesar de las convergencias, uno coge un libro de Ashbery, especialmente éste, y otro de Jaime, y la propuesta estética es, en general, muy distinta.

Que haya críticos que, con independencia de sus credos, sean capaces de valorar lo situado en la orilla estilística de enfrente me da motivos para la esperanza. La esperanza de la inteligencia y de los buenos poetas.

Aquí dejo el texto de Jaime Siles, que también menciona, como no podía ser menos, el brillante epílogo de Jordi Doce. Más abajo dejo un jpeg del artículo.


"Nada mejor que el libro más difícil para medir y comprender los diferentes grados de su dificultad. Eso es lo que hacen, cada cual a su modo, tanto Julio Mas Alcaraz en su inmejorable versión del texto, iluminada a la luz de su documentadísimo prólogo, redoblado por un imprescindible y precioso aparato de notas, como, de manera más concentrada y sucinta, Jordi Doce en el inteligente epílogo que sirve de colofón.

Gracias a esa maravillosa colaboración de ambos el lector tiene acceso a la enmarañada complejidad de un territorio por el que, sin el correspondiente mapa, resulta casi imposible transitar. De ahí que este volumen cumpla una doble función: la de ser una rigurosa y exacta traslación poética del texto, y la de constituir un competente y sólido análisis del mismo, así como un admirable y completo ensayo de interpretación, que ayuda a entender tanto el sistema poético de su autor como las diferentes dimensiones de la obra misma.

Escritura inaugural
Estamos, pues, ante una memorable traducción de un libro en sí mismo memorable: porque El juramento de la pista de frontón, escrito a mediados de los años cincuenta y publicado en 1962, no solo contiene la base fundacional del estilo y los temas posteriores de Ashbery sino que supone un cambio en el sistema de dicción de toda una época, al romper la tradición poética previa e introducir en la poesía escrita en lengua inglesa los modelos surrealistas de los que en los años veinte careció.

Escritura, por tanto, inaugural, que toma su título de un cuadro inacabado de Jacques-Louis David, Le Serment du Jeu de paume (1791), pero que se mueve en los entornos de la pintura metafísica. Este libro, el segundo de Ashbery describe una fuga de sentido que retoma determinados puntos y técnicas de la vanguardia histórica —la poesía de pierre Reverdy y la narrativa de Raymond Ruoussel, el collage y el cut-up, la sintaxis sin conectores, las frases suspendidas, el lenguaje infantil y la agramaticalidad, entre otros—, y construye con ellos un universo poético pero también político, gráfico y sexual, en el que el americano transterrado a París que en aquellos años era su autor enumera —de manera elusiva e implícita— una visión de América y Europa como espejo de fondo de la crisis de identidad y de sujeto que entonces está sufriendo él.

Lo que convierte la obra en un testimonio biográfico, pero también histórico, de lo que su autor entonces era y de lo que y quién quería ser. De ahí que los finales de los poemas sean abiertos; que hablen en ellos diferentes personas poemáticas y que el yo sea prácticamente solo pronominal es aquí la identidad de Ashbery. De ahí también que el texto resulte polifónico, politemático y polimorfo y que su unidad resida precisamente en el fragmentarismo: en un fragmentarismo menos óptico que acústico y menos plástico que musical, en el que las teselas del mosaico no siempre son palabras y en el que los tonos del fraseo son tan significativos como la aliteración, la estrofa y la rima que también utiliza aquí.

Lírica del porvenir
La sensación que todo ello produce en el lector es la de sentirse al borde de un abismo en el que tal vez hay algún tipo de significado, pero en el que ni el yo ni el conjunto tienen significación. De ahí la angustia y el placer que su lectura produce y que a algunos de sus primeros críticos tanto les indignó. y es que en este libro abolía no pocos de los postulados poéticos de la primera mitad del siglo XX, salvaba otros y fundaba nada menos que la lírica del porvenir: una lírica, hecha de ironía, parodia y dislocaciones, que devolvía la poesía a su terreno propio, que no es otro que el de la imaginación. Pero esto que sabemos hoy no fue comprendido en su momento y casi me atrevería a decir que tampoco ahora, porque Ashbery genera dos tipos de lectores: los que lo aceptan y los que lo rechazan, sin que haya aún un término medio entre los dos. Y es que la suya es poesía absoluta y, por lo tanto, no sujeta a las limitaciones del discurso burgués, heredado luego por una supuesta poesía de izquierdas: según Ashbery «un poema que comunica algo que el lector ya conoce no le está realmente comunicando nada y de hecho muestra una falta de respeto hacia él». Por eso su lenguaje está libre de toda referencialidad y no sigue otra lógica que la poética.

Máscara y escudo
Lo que no quiere decir que su escritura sea automática en el sentido de Breton. Tal vez la parte más díficil de este volumen de Ashbery sea su forma de automatismo, que le sirve de máscara y escudo bajo el
que ocultarse y protegerse y que —como a Aleixandre— le permite mezclar experimento y abstracción, aunque con una clara diferencia: en Ashbery está muy presente la teoría del signo de Merleau-Ponty, cuya
fenomenología impregna toda su percepción. El juramento de la pista de frontón es, por muchas razones, un libro de lectura obligatoria."

Jaime Siles



 
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martes, 7 de diciembre de 2010

Presentación de "El juramento de la pista de frontón"

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 Presentación Calambur
   

El CÍRCULO DE BELLAS ARTES y la EDITORIAL CALAMBUR os invitan a la presentación del libro
El juramento de la pista de frontón de John Ashbery

Intervendrán:
Julio Mas Alcaraz, traductor y poeta
Jordi Doce, traductor y poeta
Emilio Torné, editor

Leerán poemas del libro:
Alejandro Céspedes • Guadalupe Grande •
Juan Carlos Mestre • Vanesa Pérez-Sauquillo

El acto tendrá lugar el Jueves 9 de diciembre de 2010, a las 19,30 h en:
CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID
Sala Ramón Gómez de la Serna
c/ Marqués de Casa Riera, 2
28014 MADRID

 
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jueves, 25 de noviembre de 2010

Recital-performance y jam session de poesía

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El pasado año, en el pueblo asturiano de Pola de Lena, tuvo lugar un primer minifestival de poesía. En aquello ocasión, Fernando Beltrán, Xoan Bello y Ana Gorría fueron los partícipes de la lectura del viernes. El sábado hubo una sesión jam de poesía a la que acudieron muchos poetas.

En esta ocasión el escenario del viernes cambia. Nos vamos al Teatro Vitalaza para la representación de dos piezas poéticas: Para no caer en la indecencia y Oficina de Patentes Poéticas. Ambas piezas serán representadas por el grupo de performance Ex.po.ra. (Experiencia Poético Radical) que componemos Alejandro Fernández-Osorio, Gonzalo del Pozo y yo mismo. Como poeta invitada dentro de la representación estará Sofía Castañón.

El sábado realizaremos una jam session de poesía y arte con toda la gente que se quiera apuntar: poetas, pintores, graffiteros, escultores, y demás ovejas negras de nuestras respectivas familias.

 
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viernes, 19 de noviembre de 2010

El juramento de la pista de frontón, de John Ashbery

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Hoy El Cultural del periódico El Mundo publica un avance del libro que a finales de la semana que viene comenzará a llegar a las librerías. Su título: El juramento de la pista de frontón (JPF), de John Ashbery. Lo edita Calambur. Agradezco enormemente a Blanca Berasategui y a su equipo de El Cultural el esfuerzo de espacio y la importancia que han dado a un libro difícil.

La razón fundamental por la que decidí investigar y traducir JPF es sencilla: creo que es el texto de poesía más importante de las vanguardias de la segunda mitad del siglo XX. A raíz de este libro no sólo se desarrolla el Ashbery postmodernista, con su enorme influencia en multitud de poetas, sino que surgen movimientos avant-garde fundamentales en la poesía, especialmente el grupo de artistas alrededor de la revista L=A=N=G=U=A=G=E.

Cincuenta años después de su publicación, JPF sigue sorprendiendo por el riesgo que asume y por lo lejos que Ashbery llega en la ruptura del lenguaje y su sintaxis. Hay poemas sencillos, cortos y fáciles de entender, como los que seleccionamos para El Cultural. Otros, sin embargo, son ejemplos del expresionismo abstracto, con raíces pictóricas y musicales, aplicado a un texto poético. Y, sin embargo, a pesar de la dificultad y extrañamiento de algunos de los poemas, el resultado final tiene, en la mayoría de los casos, una coherencia lírica sorprendente y maravillosa.

El libro incluye una entrevista de varias páginas a John Ashbery que realicé hace dos meses, un extracto de la cual aparece en el número de El Cultural de hoy. También hay una larga introducción en la que trato, además de libro, aspectos que suelen ser polémicos en el poeta, como la dificultad de su poesía. Y he escrito también, con el objeto de que el lector pueda tener una primera guía de lectura si así lo considera, un apéndice donde se anotan y intentan explicar cada uno de los poemas del libro. Finalmente, se incluye una brillante lectura a cargo del poeta Jordi Doce, al que desde aquí agradezco tanto la revisión de la traducción como su ensayo. Igualmente agradezco al poeta Alejandro Céspedes la revisión de texto en castellano y la búsqueda de nuestras manías personales.

Las palabras finales de agradecimiento van dedicadas a Emilio Torné y a su excelente equipo de Calambur. El cuidado del detalle ha sido máximo, como lo ha sido su profesionalidad en un libro complejo de editar en todos sus aspectos.

El libro se presentará en el Círculo de Bellas Artes el próximo 9 de diciembre, en torno a las 19.30-20.00 horas. Ya daré los detalles definitivos en esta misma página.

 
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jueves, 11 de noviembre de 2010

These New Puritans y Efterklang por España

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La semana pasada varios locutores de televisión coincidían en lo siguiente: la fiesta de la MTV traía a España "la mejor música del mundo". A continuación se mostraban imágenes de Hannah Montana, Katy Perry, Justin Bieber o gente similar.

No me apetece demasiado entrar en los efectos que la llamada cultura de masas tiene sobre la cultura en general. Ni en como los medios de comunicación generalistas contribuyen al profundo proceso de idiotización de las sociedades contemporáneas.

Simplemente quería señalar que en los próximos días vamos a tener la suerte de recibir en Madrid y otros lugares a dos grupos que jamás podrían actuar en una gala MTV y ni siquiera pasarían un primer casting de OT. Estos dos grupos de gente rara, preocupada por crear una música independiente del mercado y los temblores post-adolescentes, son These New Puritans y Efterklang. Ambos han visitado en varias ocasiones la ventana superior derecha de mi blog.

Efterklang estará en el Teatro Lara de Madrid el miércoles 17 de noviembre. El 18 de noviembre actuarán en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla. Respecto a These New Puritans tocarán el 12 de noviembre en City Hall, Barcelona, y el 13 de noviembre en Joy Eslava, Madrid. Meter a These New Puritans en Joy Eslava es como introducir a Sean Parker, fundador de Naster, en la sede de la SGAE. De hecho no podrán representar la actuación Hidden que el 18 de diciembre desarrollarán en el Centro Pompidou, por ejemplo. Pero esto es España y sí, somos diferentes.

 
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lunes, 25 de octubre de 2010

Lo que fue, lo que es y será

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De lo físico a lo químico tan sólo.

http://www.cchr.org/



 
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martes, 12 de octubre de 2010

El lobo marsupial

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Cuando los ganaderos comenzaron a llegar a la isla de Tasmania a mediados del siglo XIX el territorio estaba repleto de una extraña criatura: el lobo marsupial.

El animal presentaba un número importante de singularidades. Pertenecía a la "subclase" de los marsupiales, animales con un pequeño útero y con un marsupio exterior que sirve para completar el desarrollo de la cría. Además, era carnívoro, cosa extrañísima entre los marsupiales, con la excepción del mal llamado Demonio de Tasmania. De manera extraordinaria, los machos también tenían marsupio, aunque en su caso servía como protección de sus órganos sexuales. Y finalmente su apariencia era más cercana a la de un perro salvaje atigrado que a la de un canguro aunque podía caminar a saltos como éste cuando era necesario. El lobo marsupial también era un superpredador, es decir, no tenía a nadie por encima en la cadena alimenticia, algo que ninguna otra especie de marsupial ha logrado.

Los humanos comenzaron a establecer fincas ganaderas en Tasmania ya en la primera mitad del XIX. El lobo marsupial empezó a ser un problema desde el principio porque atacaba a los animales domésticos importados. Así, se establecieron batidas de caza, premios locales por captura y se llegó a la conclusión de que había que eliminar al animal. El gobierno estableció un sistema de pago de una libra por ejemplar adulto matado y diez chelines por cada cría. El último lobo marsupial fue cazado en 1930 por un granjero. El último ejemplar de la especie murió en el zoo Hobart el 7 de septiembre de 1936. El 10 de julio de ese mismo año, con 59 días de antelación, el gobierno de Tasmania había aprobado una orden de protección al lobo marsupial.

 
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viernes, 1 de octubre de 2010

Hauschka

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Hauschka es el alias de un músico alemán especializado en composiciones de piano. Llegué a él a través de otra maravillosa rareza llamada Múm, un grupo islandés de pop experimental.

La particularidad de Hauschka es que modifica el interior de los pianos. Tanto en los martillos como en las cuerdas que componen un piano inserta o añade todo tipo de objetos, lo que crea un sonido peculiar y siempre distinto en cada concierto. La crítica relaciona esta técnica con algunas de las desarrolladas por Erik Satie, músico fetiche para varios directores de cine, aunque a mí me recuerda más a Cage o a Cowell trasplantados al siglo XXI. Sus últimos álbumes muestran un giro comercial algo preocupante pero entre sus primeros discos se pueden encontrar piezas muy interesantes. Recomiendo verlo en directo. A veces viene a España.


 
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domingo, 12 de septiembre de 2010

Soldiers bathing, por Frank Templeton Prince (1912-2003)

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Frank Templeton Prince es un poeta inglés prácticamente olvidado, salvo por este poema. En Soldados bañándose, el poeta se atreve a mezclar en un mismo texto imaginería homoerótica, bélica y religiosa sin que en ningún momento parezca fuera de lugar. Merece que se lea la Poesía Completa de este raro de la poesía inglesa del siglo XX.


Soldados bañándose


Al anochecer el mar avanza sobre la arena.
Bajo un cielo enrojecido contemplo la libertad de un puñado
de soldados que me pertenecen. Desnudos
para bañarse en el mar, gritan y corren en el aire cálido;
su carne, desgastada por el comercio de la guerra, conforta
y en mi mente pugna por su significado.

Ahora todo es pathos. El cuerpo, que era de rango
grosero, famélico, repugnante en la acción o en reposo,
todo él fiebre, suciedad y sudor, su fuerza animal
y su animal descomposición, con el dolor y el esfuerzo se convierte al fin
en frágil y luminoso. “Pobre animal desnudo de dos patas”;
consciente de sus deseos y necesidades y de la carne que se alza y cae,
se detiene en el aire suave deleitándose, después de tanto trabajo,
en la dulzura de su desnudez: dejando que las olas del mar envuelvan
sus lenguas espumosas a su pies, olvida
su odio a la guerra, la presión terrible que engendra
una maquinaria de esclavitud y muerte;
cada uno esclavo que hace esclavos al resto: descubre
el recuerdo de su vieja libertad en un juego,
se burla de sí mismo, y con humor imita al miedo y vergüenza.

Juega con la muerte y la animalidad.
Y leyendo las sombras de su pálida carne, veo
la idea del boceto de Miguel Ángel
con soldados que se bañan, que se dispersan en mitad del baño
por alguna incursión del enemigo, un episodio
de las guerras de Pisa con Florencia. Recuerdo cómo mostraba
sus extremidades musculosas que trepan desde el agua,
y cabezas que se giran, ansiosas por la matanza,
olvidadizas de sus cuerpos desnudos,
y deseosas por ponerse las armas que habían dejado en el suelo.
- Y también pienso en el tema que otro encontró
cuando, sombreando cuerpos de hombres sobre un siniestro fondo rojo,
otro florentino, Pollaiuolo,
pintó una batalla de desnudos: guerreros, a caballo, atacaban al enemigo,
hundían sus dedos en el suelo y degollaban
al hermano desnudo que yacía entre sus pies
con una mueca en los labios que hacía que se le vieran los dientes.

Eran italianos que conocían la desolación y la tragedia de la guerra
y la mostraban detenida, desnuda de todo: un tema
nacido de la experiencia del extremo horrible de la guerra
bajo un cielo donde incluso el aire circula
con lacrimae Christi. Porque esa amargura, esos golpes,
ese odio en la matanza, ¿qué pueden ser
sino un comentario directo o indirecto
de la crucifixión? Y el cuadro quema
con indignación y piedad y desesperación sucesivas,
porque es el anverso de la escena
en la que Cristo cuelga asesinado, desnudo, sobre la Cruz. Quiero decir,
esa es la explicación de su furia.

Y nosotros también tenemos nuestra amargura y piedad que comprometen
sangre y espíritu en esta guerra. Pero la noche comienza,
noche de la mente: ¿quién es, hoy, consciente de nuestros pecados?
Aunque cualquier hecho humano concierne a nuestra sangre,
e incluso tenemos que entender lo que nadie ha entendido,
que existe un amor grande por encima todo lo que hacemos,
y que eso es lo que nos ha llevado a esta locura, porque muy pocos
son capaces de sufrir todo el terror de ese amor:
el terror de ese amor nos ha empujado a girar en este surco
engrasado con nuestra sangre.

Estos se secan y se visten,
se peinan y olvidan el miedo y la vergüenza de la desnudez.
Porque aterra amar preferimos
la libertad de nuestros crímenes. Y sin embargo, mientras bebo el aire oscuro,
siento un gozo extraño que me llena por completo,
una extraña gratitud, como si el mal mismo fuera bello,
y beso la herida mentalmente, mientras al oeste
contemplo una veta roja que podría haber salido del pecho de Cristo.

Traducción de Julio Mas Alcaraz


 
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