miércoles, 15 de junio de 2011

F for Fake

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En su famoso documental «F for Fake», Orson Welles recuerda una frase de Picasso: «El arte es una mentira que nos hace darnos cuenta de la verdad». El artista sería entonces un profesional de la mentira, otro más, al servicio de la verdad, que puede ser mostrar esa misma mentira y su metamorfosis.

Un aspecto vital de la película es indicar que el valor de una pintura depende de la opinión de los expertos. Welles los llama «los nuevos oráculos», «presuntuosos que hablan desde la autoridad suprema». Dice el genio americano que «pretenden saber algo pero sólo lo saben de manera superficial. Y nos inclinamos ante ellos. Son el regalo de Dios para el falsificador». A continuación muestra lo fácil que es engañar a estos expertos. Si es tan sencillo engañarles, ¿quién es el experto y quién el falsificador?

El director nortamericano nos enseña que no es tan importante si la pintura es genuina o una copia. Lo importante es si es una buena falsificación o una mala pintura. Los museos de todo el mundo están llenos de falsificaciones de Elmyr de Hory y otros artistas con talento. Lo mismo que dice Welles sobre la pintura podría extenderse al resto de las artes. Y por qué no a la economía, a la política o a la vida. Un poema falsificado y pasado como poema de, por ejemplo, Eliot, tendrá, sólo por su firma, un valor muy superior al mismo poema escrito por un desconocido. ¿Hasta qué punto somos libres de la opinión de los expertos que nos indican, en cada rama del arte, quienes son geniales y quienes no lo son? ¿No es «F for Fake» una prueba de que la firma termina siendo el punto de mayor valor de una obra?

¿Hasta que punto nuestras mentiras son falsas y nuestras verdades ciertas? ¿Hasta dónde somos reales?

 
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