Al volante, cómo no, José Luis Fernández Hernán, más conocido como "capitán". Y de copiloto, Pablo Méndez. Es decir, los dos tíos más incapaces del mundo para conducir por carretera. Sólo para encontrar la casa, su casa, donde José Luis debía depositar a su hijo, capitán dio unas diecinueve vueltas al Pirulí, que el niño casi tiene que sacar la cabeza por la ventana para vomitar.
Tardamos aproximadamente una hora y media desde Madrid hasta Alcalá, entre la incapacidad espacial de uno y otro, y las pocas ganas de Pablo de llamar por teléfono a Alberto o incluso de preguntar. Conversación empapada de testosterona, especialmente por parte del copiloto, que tenía lo que vulgarmente se llama "un día tonto".
Por fin llegamos y encontramos sitio. El poeta Alberto Escarpa aparece en seguida, morenísimo, y con un más que atrevido pantalón vintange. Como siempre, encantador. Pronto nos encontramos al poeta Jesús Javier Lázaro Puebla, tan encantador como Alberto, y a sus amigas. Todos para la biblioteca donde se celebraba el recital. Por alguna razón pensaba que el acto era en el Paraninfo de la Universidad, pero parece que lo tienen reservado sólo para eventos oficiales.
De causalidad, en la entrada al acto, una ávida y elegante lectora de poesía me reconoce por "La diferencia entre Pepsi y Coca-Cola". Al parecer, el poeta Enrique Gracia Trinidad había leído el libro en su tertulia y había gustado. O el mundo es muy pequeño o somos muy pocos. Algo no cuadra.
Entramos a la sala, que se queda pequeñita, con abundancia de público femenino, un estrado altísimo y un señor con aspecto de muy serio que pertenece al Ayuntamiento y que hace las presentaciones.
Tras unas breves palabras de Pablo, capitán hace su presentación, que encantó y apasionó al respetable. Las únicas quejas que escuché fueron que había leído todos los poemas del libro, cuñada de José Angel Valente dixit, y que se había alargado mucho. Personalmente opino que José Luis tiene una muy buena dicción y saber estar en público. Quizás estaría de acuerdo también en las críticas vertidas y sobre todo pienso, como regla general, que el presentador no debe de vestir de blanco en la boda del presentado. Dicho lo cual, realizó un análisis muy interesante, quizás más propio de un estudio académico. Y mencionó comparativas y relaciones curiosas. Muy intelectual y analítico le vi.
Alberto tomó la palabra, al principio un poco nervioso. Pero en seguida comenzó a leer y se le pasaron los nervios. Leyó extraordinariamente bien. Lento, como se debe leer un poema. Hay poetas que cuando recitan sus poemas ayudan a sus libros y otros que los hunden. Alberto Escarpa levantó notablemente sus versos y les dio nuevos matices y texturas que en la lectura en solitario no llegaban. En otras palabras, Alberto es un poeta. Poco más hay que decir.
Del "afterpoetry" no hay nada importante a destacar. Una conversación interesante sobre la relación cantidad/calidad de libros de poesía, en donde, como era de esperar, los autores estábamos completamente en desacuerdo con el editor, y una cena y vuelta a casa también cargada de testosterona y anécdotas que, por supuesto, no se pueden contar.
Tardes de poesía, cerca de Madrid, pero en realidad, muy lejos.