jueves, 17 de septiembre de 2009

Un acto aparte de la Noche en Blanco



Tiendo a la descreencia. Y ésta se acentúa cuando intuyo mecanismos de teledirección. Las Noches en Blanco se están convirtiendo, quizá lo fueron desde su comienzo, en algo teledirigido. Se marca el día en el que la cultura ha de tener un lugar, se muestra en los medios y se escenifica de cara a los minutos de los informativos. La gente se agolpa en las puertas de los museos como si al día siguiente no pudieran contemplar las mismas obras con la tranquilidad que esa noche ni tendrán ni merecen. Todo por ahorrarse seis euros.

Así que llevo dos o tres noches blancas evitando participar a algún acto al que amablemente se me ha invitado. Como soy perfectamente contradictorio no descarto volver algún día, siempre y cuando crea que el acto no es un relleno más para que cuadren las columnas del programa oficial. Prefiero, y es fácil hacerlo, las noches en blanco espontáneas, las noches de aquelarre un lunes o un martes de la vida con algún amigo canalla y poeta.

De manera independiente, ajena a la noche blanca y como parte de un ciclo de poesía independiente, quería recomendar un acto muy interesante que va a tener lugar en Traficantes de Sueños, el sábado, a las 19.00 horas. Juan Carlos Mestre, Antonio Méndez Rubio y Antonio Crespo Massieu harán un recital de poesía que tengo la plena seguridad de que será memorable. Aunque estoy con la pata un poco vendada, intentaré ir y recomiendo a quien esté cerca, y no tenga impedimientos físicos, que no se lo pierda.

Dejo los tres poemas que han incluido los amigos de Traficantes de Sueños y que hacen innecesario el tener que elegir poemas de tres señores tan buenos en lo que hacen.


En este lugar

Como si pudiéramos leer el mundo
la inestable infinita correspondencia
de formas la semejanza y sus contornos
el enigma o asombro repetido de la luz
la fugaz eternidad de nube o pájaro
y aún los astillados hirientes fragmentos
de la historia sus catástrofes sucesivas
Como si algo perdido recóndito
un origen o promesa o término
tuviera sentido y lo distante
se aproximara como el pájaro
al silencio y así de improviso
la semejanza se hiciera visible
y sentir el hilo tenue que hilvana
hechos sucesivos analogías
trenza figuras teje y desteje
traza signos sorprende imprevistos
En este lugar que de nuevo exige
como hábito el coraje y la lucidez
mira las horas: la palabra nace
como urgencia necesaria aliento
y se teje con la acción y la pausa
ilumina explica convoca llama
es temblor se adelgaza se busca
en la espera se encuentra en la luz
Como si pudiéramos leer el tiempo
entender el mundo descifrar
el oculto alfabeto los signos heridos
olvidados piedra árbol o razón
como si la claridad nos perteneciera
en este lugar

Antonio Crespo Massieu


Las cartas sobre la mesa

Lo que hay en el silencio
del que se hace memoria
es más mortal que tú. Y ya es decir.
Guárdalo, cuídalo. Es la llave invisible
con que los amos creen aparecer.
No conocen ni aclaran
la obligación de comprender.
El empedrado suda. El aire busca el aire.
La nada no es certeza. ¿Qué, pues? Hay
también la destrucción de las preguntas. En confianza:
tú los oyes, los miras.
Pero ni eso les sirve, nos sirve, de consuelo...


Antonio Méndez Rubio


Fragmento de La Tumba de Keats

Llueve, llueve sobre las cúpulas bruñidas por el beneficio,
sobre los estandartes empapados por la usura del comercio llueve,
llueve sobre los muros del Pontificado y los altares de lo Absoluto,
todo el día llueve bronce sobre las campanas, sangre sobre las espuelas, llueven monedas de oro sobre el árbol de los abstinentes,
llueve saliva de óxido sobre la teogonía de los metales,
sobre las estatuas fundidas con la brevedad de los hombres,
llueve sobre las llagas barrocas de la fe y sobre la corona de espinas, sobre San Sebastián según un modelo de Bernini atravesado por el acero,
llueve la polilla del psicoanálisis sobre las negras sotanas,
llueve en las afueras del hombre y en las cercanías del otro hombre que va en él,
llueve sobre una mujer, la lluvia deja de ser lluvia, la mujer deja de ser mujer,
llueve sobre lugares húmedos y el agua de los estanques favorable a la peste,
llueve sobre los puentes y sobre el jardín en la casa de las prostitutas,
llueve sobre los muchachos amenazados por el resplandor de la velocidad
y el reclinatorio de los que van a morir a la edad de los príncipes.
Aquí hay otra escritura, aquí amor y pájaros góticos contra la solemnidad del eco,
aquí las viejas semillas, la madera de cruz plantada por la mano del romano,
el burgo erigido hace ahora dos mil bajo las estrellas que inventó Copérnico,
el mausoleo en cuya avaricia vive predestinada Roma, desvalida y esclava,
el déspota que huye hacia otra ciudad que no existe en un caballo de hierro.
Este es el lugar donde el escéptico le da la mano al inmoral
y llamo inmoral a aquél que carece de la virtud de reconocerse en el otro,
el insumergible en su mina de talco, el que ejerce la jerarquía como innato derecho
y construye su tormento sobre la escoria de otros,
el obsesivo en la negación de los actos ajenos,
el impostor que muta, el himno con el que se alaba lo que se desprecia,
la cautela ante el gozo.
Hablad voces de la decrepitud, hablad bajo los párrafos inciertos
del que padece memoria,
lo que bajo las costillas del puente dedicado a la memoria de Umberto Primero
es escritura de la gran cloaca romana,
allí donde la deformación de la belleza conduce el pensamiento
del hombre a la embriaguez,
donde la persistencia de la hermosura abre su ojo de cíclope y extravía a los adúlteros
por un paisaje con niebla.


Juan Carlos Mestre

 
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