sábado, 4 de marzo de 2006

El



El

Sí: Ojos de payaso

que resbalan por paredes

de hospitales disformes

para jugar con niños

de cabeza tierna

y absorber redentores

sus venas recientes

de triste morfina.


De detrás y delante,

luz, de todas las lágrimas,

moscas sin tiempo tejen

bocas negras de tela

de materia vírica

y muda concavidad.


Un dios perfila una mueca

de un nuevo síndrome,

muta un pequeño gen

en su travieso recreo

y la cara del nacido

ya no tiene nariz

y el labio se parte

hasta tocar sus ojos.


Sobre la derrota y su humo

hay colores y ciegos,

hay sonidos y sordos

y una bolsa anónima

atada a un paralítico

que girando en círculos

expresa signos

y jeroglíficos

ocultos en entendimientos.


En cada terco detalle,

debajo de cada flor,

en la penumbra de sus pétalos,

se encuentra una tela de araña

con un nuevo ser

devorado vivo.


Naturaleza fanática,

mística propiedad

de fatalidad cerrada

e imposición eterna,

el terror en costumbre,

el infierno en sustantivo

For dust thou art.

Tú.


En el impasible planeta oncológico

en el que el crepúsculo suprime la luz

como símbolo circular de existencia

y condición de pura tragedia exigida;

donde el absurdo es un orden

de cabezas abiertas e intubadas

a bolsas recogidas por rostros gritados

que vierten sobre planos refulgentes

donde reflotan y son plasma de pantalla

y nos rodean

y se disuelven

para volverse

y susurrar

tiene sentido

yo,

te maldigo por siempre, Señor.


Cría del ser humano (2005)


 
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