miércoles, 28 de abril de 2010

Ashbery, pronombres e identidad

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Me encontré esta cita mientras preparo la intro del libro de Ashbery. Me encantó la forma en la que explica su uso de los pronombres, una de las claves más características de su estilo, y sus implicaciones sobre la identidad:

"En mi trabajo, los pronombres personales con mucha frecuencia parecen las variables de una ecuación: "Tú" puede ser yo o puede ser otra persona, alguien a quien me estoy dirigiendo, y lo mismo ocurre con "él", "ella" y "nosotros"; a veces uno tiene que deducir del resto de la frase lo que se quiere decir y mi opinión es que en realidad tampoco importa demasiado. Todos somos en cierta forma aspectos de una conciencia que crea el poema y el hecho de dirigirnos a alguien, a mí mismo o a otro, es lo que es importante en ese momento concreto más que la persona en particular involucrada. Imagino que tampoco tengo un sentido fuerte de mi propia identidad y me resulta muy fácil moverme de una persona, como pronombre, a otra, y esto a su vez me ayuda a producir una cierta polifonía en mi poesía que creo que es un medio hacia un mayor naturalismo."

Janet Bloom and Robert Losada, "Craft Interview with John Ashbery, " New York Quarterly, no,1972. Reproducido en "On the outside looking out", John Shoptaw, Harvard University Press, 1994.

 
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jueves, 22 de abril de 2010

Actos de una semana cargada

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Avalancha de presentaciones, el ordenador muerto durante días de rezos interminables por sus discos duros, presentación-performance el sábado...¿A quién se le ocurría la idea de situar tantos actos en un mismo día? ¿Por qué no la semana del libro si quieren hacer un poco de marketing?

Por orden cronológico:

El jueves 22 de abril, a las 21.00 horas lectura poética de Isabel García Mellado, Laura Gómez Palma y Marcus Versus en ENTRELÍNEAS Librebar, C/ Gonzalo de Córdoba, 3
Madrid (Metro Quevedo-Bilbao).


Los actos del viernes 23 de abril son mucho más de los que aquí pongo, evidentemente. Escribo sólo los que me han llegado al buzón y son de poesía.

En la FNAC de Callao, a las 19.00 horas se presenta la antología La manera de recogerse el pelo. Generación blogger realizada por David González para Bartleby, antología que agrupa la poesía de trece mujeres poetas que suelen presentar sus poemas en sus propios blogs. Habrá música en directo, proyección de audiovisuales y, por supuesto, poesía.


A las 19.30 en el Salón de Actos del Ateneo madrileño, dieciseis poetas, dos músicos y un actor se reunen en torno a Góngora. El espectáculo "Góngora en Golas" se basa en textos de D. Luis. Por una vez el poeta no estará sólo. Le acompañan en el escenario: Borges, Cernuda, Lorca, Alberti, Lezama Lima, Rubén Darío, Neruda, Dámaso Alonso y Octavio Paz.

A las 20.00 horas, en la sala El Despertar, “Noche de Amargord” con Óscar Aguado, Cenamor, Marijú, Lourdes de Abajo y Luis Luna.

A las 21.15 en la librería La Central del Museo Reina Sofía (MNCARS) actuación conjunta. Concierto de Les Morenilles y lectura de poemas a cargo de Martín López-Vega. Habrá música sefardí y andalusí con un toque de flamenco y se leerán poemas de la tradición oral universal.

A las 22.30, a las 21.30 para lectores de novela, la Delegación del Principado de Asturias presenta a Fernando Beltrán, Alejandro Céspedes y Herme G. Donis.


Y con esto acaba la enajenación del viernes. El sábado 24 de abril, tres locos de remate, Gonzalo del Pozo, Alejandro Fernández-Osorio y servidor, presentan en el Teatro Riera (http://www.villaviciosa.es/v_villaviciosa/informacion/informacionver.asp?cod=1819&te=266&idage=2448&vap=0) de Villaviciosa, Asturias, el espectáculo Experiencia Poética Radical, espectáculo que es una etapa más en la provocación para resucitar la vieja ley contra vagos y maleantes.



 
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viernes, 9 de abril de 2010

Murió la poeta Ai

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El pasado 20 de marzo murió la poeta norteamericana Ai a los sesenta y dos años de edad. Ai fue una de los poetas que se quedaron a las puertas de la antología La Diferencia entre Pepsi y Coca-Cola.

Llamar a Ai americana es complejo. En realidad la poeta era medio japonesa, y casi medio india nativa americana. Su primer nombre fue Florence Anthony y cambió legalmente a Ai, amor en japonés. En 1999 ganó el National Book Award por el duro "Vice: New and Selected Poems".

La poesía de Ai evita por completo lo autobiográfico y destaca en el uso de la persona poética y del monólogo, así como en su capacidad para transmitir intensidad dramática y veracidad. Descanse en paz.

Salomé

Con unas tijeras corto el tallo del clavel rojo
y lo pongo en un recipiente con agua.
Flota como lo haría tu cabeza
si la cortara.
Pero qué pasaría si te destrozara
por aquellas tardes
cuando tenía quince años
y era tan parecida a un ave del paraíso
sacrificada por sus plumas.
Incluso mi nombre sugería alas,
jaulas de mimbre, vuelo.
Ven, siéntate en mi regazo, dijiste.
Me sentí como si hubiera volado allí;
era completamente liviana.
Tenías cuarenta años y estabas casado.
Que ella fuera mi madre nunca importó.
Ella era una puerta que se abría hacía mí.
Los tres nos fundimos en una especie de somnolencia
y almizcle, el almizcle de los domingos. Sudor y dulzura.
Aquel sabor a ciruela seca y regaliz
siempre vuelve a mi lengua
y tu lengua contra mis dientes,
luego tocando la mía. ¿Cuántas veces?–
Conté, pero nunca podía acordarme.
Y cuando pensé que continuaríamos para siempre,
que nada podría detenernos
a medida que caíamos sin cesar de la conciencia,
llegaron las órdenes: guerra en el norte.
Tu espada, las charreteras de oro,
el uniforme de colores tan brillantes,
tan distinto a la guerra, pensé.
Y tu caballo; cómo saliste galopando por la puerta.
No, como aquel caballo bailaba debajo de ti
hacia el sonido de los cañones.
Podía oírlo, a tantas leguas de distancia.
Pude ver tu caída, tu rostro escarlata,
el caballo bailando sin ti.
Y en el mismo momento,
Madre suspiró y se giró torpemente en la hamaca,
el vino de Madeira en el cristal de tallo delgado
derramado en la hierba,
y sentí cómo me endurecía hacia una madera color brandy,
mi piel, mil cuerdas tan tensas
que cuando entré a la casa
podía oír música
cayendo como una cascada de seda china
detrás de mí.
Cogí tu carta de mi corpiño.
Salomé, oí tu voz,
pequeño pájaro, vuela. Pero no lo hice.
Desaté la cinta lila de mis pechos
y me acosté en tu cama.
Después de un rato, oí pasos de Madre,
la vi caminar hacia la ventana.
Cerré los ojos
y cuando los abrí
la sombra de una espada pasó por mi garganta
y Madre, vestida como un granadero,
se inclinó y me besó en los labios.


Salome

I scissor the stem of the red carnation
and set it in a bowl of water.
It floats the way your head would,
if I cut it off.
But what if I tore you apart
for those afternoons
when I was fifteen
and so like a bird of paradise
slaughtered for its feathers.
Even my name suggested wings,
wicker cages, flight.
Come, sit on my lap, you said.
I felt as if I had flown there;
I was weightless.
You were forty and married.
That she was my mother never mattered.
She was a door that opened onto me.
The three of us blended into a kind of somnolence
and musk, the musk of Sundays. Sweat and sweetness.
That dried plum and licorice taste
always back of my tongue
and your tongue against my teeth,
then touching mine. How many times?—
I counted, but could never remember.
And when I thought we’d go on forever,
that nothing could stop us
as we fell endlessly from consciousness,
orders came: War in the north.
Your sword, the gold epaulets,
the uniform so brightly colored,
so unlike war, I thought.
And your horse; how you rode out the gate.
No, how that horse danced beneath you
toward the sound of cannon fire.
I could hear it, so many leagues away.
I could see you fall, your face scarlet,
the horse dancing on without you.
And at the same moment,
Mother sighed and turned clumsily in the hammock,
the Madeira in the thin-stemmed glass
spilled into the grass,
and I felt myself hardening to a brandy-colored wood,
my skin, a thousand strings drawn so taut
that when I walked to the house
I could hear music
tumbling like a waterfall of China silk
behind me.
I took your letter from my bodice.
Salome, I heard your voice,
little bird, fly. But I did not.
I untied the lilac ribbon at my breasts
and lay down on your bed.
After a while, I heard Mother's footsteps,
watched her walk to the window.
I closed my eyes
and when I opened them
the shadow of a sword passed through my throat
and Mother, dressed like a grenadier,
bent and kissed me on the lips.

 
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