viernes, 9 de abril de 2010

Murió la poeta Ai


El pasado 20 de marzo murió la poeta norteamericana Ai a los sesenta y dos años de edad. Ai fue una de los poetas que se quedaron a las puertas de la antología La Diferencia entre Pepsi y Coca-Cola.

Llamar a Ai americana es complejo. En realidad la poeta era medio japonesa, y casi medio india nativa americana. Su primer nombre fue Florence Anthony y cambió legalmente a Ai, amor en japonés. En 1999 ganó el National Book Award por el duro "Vice: New and Selected Poems".

La poesía de Ai evita por completo lo autobiográfico y destaca en el uso de la persona poética y del monólogo, así como en su capacidad para transmitir intensidad dramática y veracidad. Descanse en paz.

Salomé

Con unas tijeras corto el tallo del clavel rojo
y lo pongo en un recipiente con agua.
Flota como lo haría tu cabeza
si la cortara.
Pero qué pasaría si te destrozara
por aquellas tardes
cuando tenía quince años
y era tan parecida a un ave del paraíso
sacrificada por sus plumas.
Incluso mi nombre sugería alas,
jaulas de mimbre, vuelo.
Ven, siéntate en mi regazo, dijiste.
Me sentí como si hubiera volado allí;
era completamente liviana.
Tenías cuarenta años y estabas casado.
Que ella fuera mi madre nunca importó.
Ella era una puerta que se abría hacía mí.
Los tres nos fundimos en una especie de somnolencia
y almizcle, el almizcle de los domingos. Sudor y dulzura.
Aquel sabor a ciruela seca y regaliz
siempre vuelve a mi lengua
y tu lengua contra mis dientes,
luego tocando la mía. ¿Cuántas veces?–
Conté, pero nunca podía acordarme.
Y cuando pensé que continuaríamos para siempre,
que nada podría detenernos
a medida que caíamos sin cesar de la conciencia,
llegaron las órdenes: guerra en el norte.
Tu espada, las charreteras de oro,
el uniforme de colores tan brillantes,
tan distinto a la guerra, pensé.
Y tu caballo; cómo saliste galopando por la puerta.
No, como aquel caballo bailaba debajo de ti
hacia el sonido de los cañones.
Podía oírlo, a tantas leguas de distancia.
Pude ver tu caída, tu rostro escarlata,
el caballo bailando sin ti.
Y en el mismo momento,
Madre suspiró y se giró torpemente en la hamaca,
el vino de Madeira en el cristal de tallo delgado
derramado en la hierba,
y sentí cómo me endurecía hacia una madera color brandy,
mi piel, mil cuerdas tan tensas
que cuando entré a la casa
podía oír música
cayendo como una cascada de seda china
detrás de mí.
Cogí tu carta de mi corpiño.
Salomé, oí tu voz,
pequeño pájaro, vuela. Pero no lo hice.
Desaté la cinta lila de mis pechos
y me acosté en tu cama.
Después de un rato, oí pasos de Madre,
la vi caminar hacia la ventana.
Cerré los ojos
y cuando los abrí
la sombra de una espada pasó por mi garganta
y Madre, vestida como un granadero,
se inclinó y me besó en los labios.


Salome

I scissor the stem of the red carnation
and set it in a bowl of water.
It floats the way your head would,
if I cut it off.
But what if I tore you apart
for those afternoons
when I was fifteen
and so like a bird of paradise
slaughtered for its feathers.
Even my name suggested wings,
wicker cages, flight.
Come, sit on my lap, you said.
I felt as if I had flown there;
I was weightless.
You were forty and married.
That she was my mother never mattered.
She was a door that opened onto me.
The three of us blended into a kind of somnolence
and musk, the musk of Sundays. Sweat and sweetness.
That dried plum and licorice taste
always back of my tongue
and your tongue against my teeth,
then touching mine. How many times?—
I counted, but could never remember.
And when I thought we’d go on forever,
that nothing could stop us
as we fell endlessly from consciousness,
orders came: War in the north.
Your sword, the gold epaulets,
the uniform so brightly colored,
so unlike war, I thought.
And your horse; how you rode out the gate.
No, how that horse danced beneath you
toward the sound of cannon fire.
I could hear it, so many leagues away.
I could see you fall, your face scarlet,
the horse dancing on without you.
And at the same moment,
Mother sighed and turned clumsily in the hammock,
the Madeira in the thin-stemmed glass
spilled into the grass,
and I felt myself hardening to a brandy-colored wood,
my skin, a thousand strings drawn so taut
that when I walked to the house
I could hear music
tumbling like a waterfall of China silk
behind me.
I took your letter from my bodice.
Salome, I heard your voice,
little bird, fly. But I did not.
I untied the lilac ribbon at my breasts
and lay down on your bed.
After a while, I heard Mother's footsteps,
watched her walk to the window.
I closed my eyes
and when I opened them
the shadow of a sword passed through my throat
and Mother, dressed like a grenadier,
bent and kissed me on the lips.

 
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comments

9 Responses to "Murió la poeta Ai"
  1. Jesus Olague dijo...
    9 de abril de 2010, 6:56

    Me tomé la libertad de copiar el poema en mi blog, por supuesto con la referencia a esta entrada, espero que no le cause malestar alguno.

    http://jholaguepersonal.blogspot.com/2010/04/ai-salome.html

    Saludos.

  2. Stalker dijo...
    9 de abril de 2010, 9:56

    No la conocía, Julio. Inmenso es el pozo de la propia ignorancia...

    gracias

  3. Julio Mas Alcaraz dijo...
    9 de abril de 2010, 11:27

    Por supuesto, puede coger lo que quiera, Jesús.

    Saludos afectuosos

  4. Julio Mas Alcaraz dijo...
    9 de abril de 2010, 11:29

    Estamos en el principio del camino del aprendizaje, querido Stalker.

    Continuemos mientras quede algo de fuerzas.

    Gracias a ti. Abrazos.

  5. Leonardo dijo...
    9 de abril de 2010, 22:28

    Yo me siento cada día, y hoy es otro día, en el principio de mi ignorancia y más después de que frecuento ciertas bitácoras. Por casualidad hoy hojeaba una antología francesa de la poesía norteamericana y la poeta Ai tampoco figuraba. Las antologías finalmente son tan valiosas por lo que muestran como por lo que dejan fuera...
    Por fortuna la poesía no muere con sus autores y podemos seguir descubriéndolos. Por eso sigo volviendo por lugares como éste
    Saludos

  6. Julio Mas Alcaraz dijo...
    11 de abril de 2010, 19:47

    Lo mejor de una antología para mí son los descubrimientos. Lo peor, las presiones, recomendaciones y similares. Yo sólo tuve un compromiso de diez, y ya me pareció demasiado.

    En este caso la ausencia fue "culpa" mía. Probablemente hoy haría una antología bastante diferente, a lo mejor repitiendo un máximo de cinco de los diez que elegí en su día.

    Abrazos

  7. Leonardo dijo...
    17 de abril de 2010, 13:21

    Alguien que comparaba dos antologías de una misma literatura encontró que 80 por ciento de los poetas que figuraban en una no aparecían en la otra... Toda antología olvida que es una selección personal, nada más. Y las antologías que preferimos son aquellas que están en acuerdo con nuestros propios criterios (para no llamarlos gustos).
    Saludos

  8. Julio Mas Alcaraz dijo...
    18 de abril de 2010, 14:17

    Quizá deberíamos cambiar el nombre. Una antología debería considerar la casi totalidad del universo de poetas de la que selecciona. Por ejemplo, para la "antología" norteamericana sólo leí a unos doscientos poetas nacidos a partir de 1940. Alguna vez he pensado en el número de poetas que tendría que leer para una antología de poesía española de poetas vivos y el número no bajaría de mil, lo que me lleva a que de momento descarte la idea por falta de tiempo...Si deberían ser mil para una antología española, no quiero imaginar la cifra para una antología norteamericana.

    Cuando hace 70 años el número de poetas que existían era un 10% del número que hay en 2010 tenía mayor sentido hablar de antologías. Hoy creo que es pretencioso por parte de quienes hemos hecho alguna. Deberíamos de utilizar otra palabra cuando todos trabajamos con muestras tan pequeñas.

    Y por supuesto, no sólo dos antólogos realizarán dos antologías diferentes sino que en la medida que nuestros gustos van cambiando, cambiaríamos los participantes en la antología.

    Lo anterior tampoco es malo pero creo es una prueba de la fragilidad de los cánones. Yo uso las antologías para leer poesía de países extranjeros y descubrir autores nuevos. Creo que es su mayor virtud siempre que seamos conscientes de que no hay ninguna posibilidad canónica en las propuestas.

    Saludos, amigo Leonardo.

  9. Anónimo dijo...
    11 de enero de 2011, 21:08

    Buen comienzo

 

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