martes, 18 de enero de 2011

Entre el cielo y ningún lugar. Crítica de Antonio Ortega en Babelia (El País)


Me dice un amigo que no cree en la buena suerte. Sólo cree en el trabajo bien o mal hecho. Creo que mi amigo conserva un poso determinista importante procedente de su trabajo de profesor de filosofía. Los que, para bien o para mal, leemos revistas científicas tenemos una cierta obsesión con el caos, los movimientos estocásticos, el ruido blanco y todo aquello que hace que el universo sea una gigantesca ruleta.

Desgraciadamente el trabajo duro no es ni condición suficiente ni necesaria. Hace falta buena suerte. El libro de Ashbery en manos de un crítico con pocas lecturas sería como darle a un niño un revolver cargado. Sabes que va a disparar pero no en qué dirección ni cuantas veces.

Y si buena suerte tuve la pasada semana, esta semana no ha sido menor. Antonio Ortega es uno de los mejores críticos de poesía de España. Un buen crítico creo que se distingue por dos cosas. En primer lugar, selecciona libros para reseñar que valen la pena. Libros distintos, ajenos al ruido del sonajero mercantil. Y en segundo lugar se aprende algo nuevo leyendo sus críticas. Ambos características se dan en el caso de este hombre si alguien sigue con cierta frecuencia sus análisis en Babelia.

Sólo me queda desear que los hados de la suerte se centren ahora en mi corazón durante un tiempo. Para no seguir entre el cielo y ningún lugar.


http://www.elpais.com/articulo/portada/cielo/lugar/elpepuculbab/20110115elpbabpor_35/Tes


"La capacidad de John Ashbery (Rochester, 1927) para mantenerse un paso por delante durante más de medio siglo es impresionante. Como un Proteo contemporáneo, tiene una inagotable capacidad para reinventarse. Parafrasear sus poemas, identificar su sujeto, sus temas, establecer su entorno, es tarea ociosa: el poema existe por sí mismo, inimitable, dueño de su ser y su expresión. Una escritura tan metamórfica que los cambios de tono y de registro verbal hacen que los versos acaben en lugares diferentes a los de partida. Sorprenden sus prestidigitaciones de sintaxis y dicción; su oído para detectar las construcciones del lenguaje coloquial que distorsiona el significado; su ironía, la frescura sutil de sus poemas. Solo "corriendo bajo los aros de / ecuaciones probables", es posible mostrar la inestabilidad e interdependencia de la identidad en la sociedad posmoderna, definir cómo pensamos y quiénes somos. Tratar de atar los meandros de su escritura acaba siendo un esfuerzo restrictivo.

El juramento de la pista de frontón, aparecido en 1962, muestra un mundo distinto al de Algunos árboles, su primer libro. Son poemas abstractos, fragmentarios y disyuntivos, muchos fruto del collage. El significado y la sintaxis expuestos a "condiciones extremas". Una ruptura poética revolucionaria: "No fuiste elegido presidente y sin embargo ganaste la carrera". Un libro clave, aquí están las bases de un nuevo lenguaje poético, indicativo del curso que luego tomará su obra. De difícil lectura e interpretación, su fecundidad crece con los años, sugiriendo nuevas lecturas, demostrando su naturaleza de texto canónico. Un libro de experimentación, pleno de meditaciones sobre la realidad diaria, lejos de lo establecido. Su profundidad nace de la superficie del vacío, de sonoridades abstractas, de la mezcla impura de dicción lírica y coloquial. Poemas nada figurativos que, como en los cuadros del expresionismo abstracto, semejan superficies con múltiples focos y desplazamientos. "Las palabras gotean de la herida", movidas por la inmediatez del acto creador. 'Saliendo de la estación de Atocha' ejemplifica esta disposición de palabras y silencios, la frescura del instante de la experiencia. Lo que allí tiene lugar podría haber pasado en cualquier otro sitio, como en 'Europa', donde nada es concreto y definitivo: el poema es una "bola de construcción", "un barrido continuo de la superficie". Es el ensamblaje y la borradura de la pincelada verbal: "soy como alambre / cuando el lienzo debe extenderse / hacia nueva basura". Consecuencia del extravío de la existencia, el lugar del poema podría ser tanto un espacio interior como exterior, el resultado de un equilibrio precario y fugaz: "hasta que la verdad pueda ser explicada / Nada puede existir".

Estamos 'En el campo de juego de la vida', evasiva y múltiple. Un rompecabezas sin las piezas necesarias para alcanzar la imagen y el instante precisos. El poema es su proceso de construcción. Así 'Idaho', el poema que cerrando el libro semeja "pequeñas manufacturas", la suma de lo que allí está y de lo que no está. Al lector le cumple la pregunta sobre su significado, leer "para arreglar / para sentir / el tallo del aire". Acaso llegar a saber que 'Un silbido sonó estridente'. Un laboratorio poético que Julio Mas ha traducido con esmerada brillantez, ofreciendo una inteligente introducción que, junto con las notas, una entrevista al propio Ashbery y la excelente lectura epilogal de Jordi Doce, ofician de inmejorable guía de lectura. Una edición magistral para un libro que, "en algún sitio entre el cielo y ningún lugar", sigue siendo ferozmente asombroso."

Antonio Ortega
Babelia (El País)

 
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2 Responses to "Entre el cielo y ningún lugar. Crítica de Antonio Ortega en Babelia (El País)"
  1. José Luis dijo...
    20 de enero de 2011, 20:04

    Cojonudo!!! (con perdón)
    Un abrazote!!

  2. Julio Mas Alcaraz dijo...
    21 de enero de 2011, 1:20

    Ego te absolvo

    Abrazos fuertes.

 

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